Consulté
algunas de mis revistas científicas y fascículos de la enciclopedia
para niños ( que habían llegado a apasionarme) en relación con el
uranio. El uranio es una de esas cosas sobre las que todos oímos
hablar, pero de las que casi nadie sabe nada. Igual que el petróleo.
Por lo que había oído y leído sobre las reservas de petróleo,
creía que este mineral corría por arroyos subterráneos. Fue
gracias a un fascículo de la enciclopedia como me enteré de que las
reservas de petróleo era de piedra y aun podían ser de mármol, y
que el petróleo se encontraba en bolsas diminutas. Supongo que de
igual modo el General, al oir hablar del inmenso valor del uranio, lo
había considerado como un metal superprecioso, una especie de pepita
de oro. Mancini, el cónsul, debe de haber pensado lo mismo. Al leer
sobre el tema, me enteré que había que procesar y comprimir
toneladas y toneladas de mineral, que pese a ello quedaban reducidas
a bloques enormes

El 10 de agosto por la noche empecé a leer este libro en Estocolmo (así soy yo, cosmopolita) y al día siguiente me enteré de la muerte de su autor. Aunque en este blog siempre nos ha gustado estar cerca de la actulidad, el asunto me preocupó un poco. Por otro lado, pensaba que si el petróleo era de piedra, como se dice en el texto, era sólo desde un punto de vista etimológico: 'piedra de aceite'. Sigo sin tenerlo claro.
Y con el uranio tenemos el problema añadido de su enriquecimiento, ya que aunque el elemento Uranio es unas 500 veces más abundante en la Tierra que el oro, sólo es util en reactores nucleares un isótopo que lo forma en muy pequeña proporción