lunes, 13 de abril de 2026

EL JARDINERO Y LA MUERTE (GUEORGUI GOSPODÍNOV), LOS ISÓTOPOS Y LAS EPICRISIS

 Al día siguiente tocaba la prueba de isótopos. Aquella en la que te inyectan una sustancia que, después de un tiempo, se acumula en los sitios de actividad metabólica y te iluminas como un árbol de Navidad , según dijo uno de los médicos. Muy rápido aprendería que la actividad metabólica, que a mí me sonaba tan inocente, significa en realidad focos tumorales o metástasis la mayoría de las veces. La epicrisis está escrita de forma que el paciente pueda comprenderlo si lo intenta. Pero si decide no saberlo, también tiene esa opción.

El objetivo de esta entrada es doble, así de ambiciosos estamos. Por una lado, limpiar la imagen de los isótopos, que tienen mala prensa y ayudan mucho en Medicina, tanto en el diagnóstico de enfermedades (el Tecnecio, el Flúor, el Talio) como en el tratamiento (Yodo, Lutecio o Cobalto, por ejemplo). Y no solo en Medicina, sino en otros muchos campos de la ciencia son los isótopos muy útiles, un respeto para ellos por tanto. Un isótopo del Hidrógeno, el Deuterio forma agua pesada (D2O en lugar de H2O) que es fundamental en el estudio de los neutrinos. Esto último lo aprendí hace poco leyendo el discurso de honoris causa del japonés Kajita en la Universidad de Sevilla.

Y el segundo objetivo es alabar la ambigüedad que los tecnicismos confieren a los informes médicos, de suerte que se convierten en una especie de barra libre, en la que el hipocondríaco encuentra lo suyo y el pasota encuentra consuelo. Ambos, médico y paciente, se dan importancia recíproca