lunes, 28 de septiembre de 2026

LA FELICIDAD DEL LOBO (PAOLO COGNETTI) Y EL ÓXIDO DE HIERRO

 Fausto olió la tabla: su olor era intenso, pero no desagradable. Tenía un montón de agujeritos de los clavos que le había arrancado. En cada agujerito había una aureola más roja por el óxido del clavo

No sé qué ocurre que me están llegando muchos libros de autores italianos. Este Cognetti, cuya novela más afamada es Las ocho montañas, pero también Dario Ferrari y su Se acabó el recreo (que intentaremos sacar por aquí). Antiguamente, en la era previa al acero los clavos eran de hierro y, por tanto, se oxidaban con mucha facilidad, apareciendo el indeseado, como todos los óxidos, óxido de hierro. Por otro lado, para mejorar la imagen del óxido de hierro, diremos que ese color rojizo al que hace referencia el texo lo hace apreciado como pigmento y esmalte.

En mi temario de opoisciones al cuerpo de enseñanza secundaria, especialidad Física y Química, había un epígrafe titulado Corrosión y formas de evitarla , que era todo un recetario de maneras de retrasar más que evitar, pues es un fenómeno termodinámicamente inexorable, esta oxidación que hace perder tanto dinero a la industria. Algunas de las maneras más eficaces de detenerla fueron comentada a cuento del libro de Jacobo Bergareche Los días perfectos

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