lunes, 20 de julio de 2026

LAS PRUEBAS DE MI INOCENCIA (JONATHAN COE) Y LOS DEFECTOS DE LA VISIÓN

 Phyl se está dando un buen paseo por ella, y de vez en cuando levanta mis gafas para verlo todo mejor. Adam se da cuenta y dice:

¿Eres hipermétrope o miope, Phyl?

Ella se ríe, nerviosa

¡Hipermétrope, miope, y de todo!, contesta, y luego se fija en una vitrina del centro de una de las paredes

¡Qué gran novela esta! Un sábado leí la reseña de Rodrigo Fresán en El Cultural del ABC y el lunes ya estaba un flamante ejemplar en la también ejemplar Biblioteca de El Cerro del Águila, mi biblioteca de cabecera.

La tal Phyl, para hacerse pasar por bibliófila, se ha puesto las gafas de otra perosona, y por eso se las tiene que levantar para poder ver bien. Las sospechas de Adam están fundamentadas, no es posible padecer de manera simultánea miopía e hipermetropía, ya que son defectos opuestos. En la miopía, el globo ocular es demasiado grande y la imagen se forma antes de la retina, por erso se corrige con lentes divergentes. En los hipermétropes es justo al contrario, globos oculares pequeños y el cruce de los rayos se produce detrás de la retina. Yo soy un miope profundo y mi señora hipermétrope empedernida, y nuestra descendencia se va librando de momento, han hecho la media de nuestros globos oculares, digamos

lunes, 6 de julio de 2026

SI UNA MAÑANA DE VERANO, UN VIAJERO (JOSÉ CARLOS LLOP) Y EL COSMOS

 El cosmos nos maravilla, pero acaba angustiándonos: no defiende o amuebla nuestra soledad, sino que subraya nuestra insignificancia. Disfrutamos contemplando las estrellas y más aún, las constelaciones, y un objeto inventado por el hombre como es el Hubble —qué diría Spinoza ahora— sigue enviándonos imágenes maravillosas de lo que hay más allá. Pero la sospecha es que en ese más allá también está lo que no somos: nuestra disolución. En el mar está la vida y está la muerte, pero no nuestra disolución. En eso podría ser una metáfora del paraíso y quizá por ello frente al mar algunos escribimos más y contemplar el mar nos incita a la escritura y no necesariamente en su vastedad —la que se funde en el horizonte— sino en los detalles, tantas veces.

Ante la contemplación del cosmos caben dos posturas fundamentales: la científica o la filosófica. Ambas vienen fuertemente influenciadas por una copiosa cena previa regada con vinos de la tierra. Ahora que lo pienso existe una tercera opción ante el cosmos, la opción literaria, poética, que ha dado lugar a toda una familia de poemas, los contemplativos, como este de Jorge Guillén que habla de nuestro modesto suburbio

Hay diferencias en la contemplación del mar, como apunta el autor. El mar, y en esto es distinto al cosmos, puede ser observado en rangos muy distintos, distintas porciones, no es lo mismo la visión del mar abierto que una calita, más razonable. En el poema ‘Le gustaban pocas cosas’ de Manuel Alcántara, el poeta enumera las pocas y sencillas cosas que le gustaban a su padre y entre ellas está la sensata contemplación del mar:

Le gustaban pocas cosas:
el alcohol y las ventanas,
el mar desde la colina,
el mar dentro de la playa,
el olor de los jazmines,
los libros de madrugada,
el sol, el pan de los pueblos,
Quevedo, recordar África,
las noches y los amigos,
el verano, y tus pestañas.