lunes, 16 de febrero de 2026

TRES DÍAS DE JUNIO (ANNE TYLER) Y LA NUTRICIÓN

 —¿No pasa nada por comer tantos huevos revueltos y tortillas y tal?

—¿Qué iba a pasar? —me preguntó.

—¿No son malos para el colesterol o algo así?

—Eso era antes —me dijo—. Ahora todo ha cambiado.

Es cierto, los consejos de los nutricionistas cambian con el tiempo. Ha pasado con los huevos, con el pescado azul y con otro alimentos. Como no es una ley fija sino que está sometida a variaciones caprichosas, considero que lo más sensato es acogerse a la versión que más le convenga a uno en función de sus gustos, En este caso particular me resulta muy difícil pensar en que los huevos, en cualquiera de sus presentaciones, sean malos para la salud.

Aprovecho para recomedar esta novela, que tiene todas las cosas que me gustan en las novelas: entre 200 y 300 páginas y una historia agradable.

lunes, 2 de febrero de 2026

LA PREGUNTA 7 (RICHARD FLANAGAN) Y LEO SZILARD

 El 2 de diciembre de 1942, en una pista de squash construida debajo de las gradas de Stagg Field, el campo de fútbol americano de la Universidad de Chicago, se presentó la primera reacción nuclear producida por el hombre en el mundo, en un reactor construido por Szilard y Fermi, hoy premio Nobel, quienes emplearon, gracias a la intuición del primero, una nueva variedad de grafito de altísima pureza

Esta entrada tiene la intención de darle su sitio a Szilard. Dentro de todo el grupo del proyecto Manhatan. Oppenheimer tiene su película, Fermi su Nobel, de Einstein ni digamos…pero Szilard fue el auténtico ideólogo de todo esto, como se explica en esta novela.

Además, aquí que nos gusta hablar de la relación entre la literatura y la ciencia, Szilard tuvo la idea, la visión, de todas las posibilidades que habría en la energía nuclear leyendo una novela de H.G. Wells, El mundo liberado, de 1914. Leo Szilard, el clásico judío centroeuropeo inteligente, vio el peligro que podría surgir caso de que la Alemania nazi creara una bomba atómica y se dedicó a convencer a los americanos para que se adelantaran. Convenció a Einstein para que escribiera una carta en este sentido a Roosevelt. Más tarde, Albert Einestein, arrepentido tras Hiroshima diría que ‘en realidad solo fue el cartero’.

lunes, 19 de enero de 2026

ALGO HA PASADO (JOSEPH HELLER) Y LA PIAMADRE

 Los forros del cerebro. (Cómo me duelen los forros del cerebro). Los forros de mi cerebro son tres y reciben el nombre colectivo de «meninges». Lo recubren por fuera. El más profundo se llama «piamáter». Es una membrana delicada, fibrosa, altamente vascular (atestada de venas y capilares, me imagino). Siento presión sobre ella desde dentro. Hay cosas que burbujean y la empujan, como si estuvieran a punto de explotar. A veces me recuerda una fondue de queso. La piamáter, reforzada por las otras dos capas, la aracnoides y la duramáter, se resiste denodadamente contra esa presión expansiva de mi cerebro y la rechaza. A veces hay dolor. El nombre «piamáter» deriva de una traducción imperfecta al latín de ciertas palabras árabes que significaban (ja, ja) «tierna madre»

Cuando en la propia novela (¡gran novela esta!, por cierto) se explica el concepto científico citado mi papel como comentarista queda ya muy limitado. Diré que tiene su sentido, fisiológico y metafórico, que la piamadre, la capa más tierna, más blanda sea la que está en contacto directo con el cerebro, y que sea la duramáter, la madre dura la más externa. En mi experiencia como profesor observo que las maters y los paters andan (andamos) a veces confundidos sobre cuándo ser duros y cuándo píos.

Añadiremos que la piamadre no solo recubre el cerebro sino también la médula espinal y que Piamater es también un vino muy popular de Málaga

lunes, 5 de enero de 2026

AL PIE DE LA ESCALERA (LORRIE MOORE) Y LOS ERRORES HUMANOS

 

Sabía de bastantes chicos que, por dinero, habían hecho de conejillos de Indias en ensayos farmacéuticos y que secretamente habían estropeado los resultados al hacer cosas como zampar donuts cuando no debían o esnifar pegamento. Y sin embargo, tras analizar su sangre y observar sus períodos de sueño, los resultados se habían dado por válidos y se convirtieron en ciencia

 

La ciencia es una actividad humana y como tal queda emborronada por nuestra presencia fullera, cutre y simplona. Se intenta dignificar y minimizar esta influencia negativa en la Teoría de los errores, donde se distingue entre errores sistemáticos y errores aleatorios, siendo los humanos de este último tipo.

Los científicos son ordenados y metódicos, pero son también humanos, esto es, guarros y tramposos. Otro ejemplo de la humanidad impregnando de su esencia un fenómeno científico es la basura espacial, de la que ya hablamos aquí