—Oye, Harry, Julian English se quitó la vida anoche.
—¿Qué?
—Se quitó la vida. Tomó no sé qué veneno en el garaje. Óxido de carbono.
—Querrás decir monóxido de carbono.
—Eso es. Es un veneno.
—Y tanto que lo es, pero no se lo tomó. Sale del motor.
—¿Ah, sí? Pues no lo sabía. Sólo sé que era un veneno y que se lo tomó en el garaje.

La IUPAC (International Union Of Pure and Applied Chemistry) algo así como la FIFA de los químicos es muy suya, muy tiquismiquis con la manera de formular y de nombrar a los elementos. Nos transmite a los profesores esa rigurosidad, y hace bien porque pequeños cambios en la fórmula de un compuesto y por tanto en su nombre pueden ser claves en sus propiedades y comportamiento.
La muchacha que informa del suicidio adopta una postura de simpático y modesto distanciamiento sobre los nombres de los venenos, ‘no se qué veneno’ y no distuingue entre el óxido de carbono (CO2) y el monóxido (C0). No pasa nada grave, donde no hay que confundirlos es en el mundo real