El 2 de diciembre de 1942, en una pista de squash construida debajo de las gradas de Stagg Field, el campo de fútbol americano de la Universidad de Chicago, se presentó la primera reacción nuclear producida por el hombre en el mundo, en un reactor construido por Szilard y Fermi, hoy premio Nobel, quienes emplearon, gracias a la intuición del primero, una nueva variedad de grafito de altísima pureza

Esta entrada tiene la intención de darle su sitio a Szilard. Dentro de todo el grupo del proyecto Manhatan. Oppenheimer tiene su película, Fermi su Nobel, de Einstein ni digamos…pero Szilard fue el auténtico ideólogo de todo esto, como se explica en esta novela.
Además, aquí que nos gusta hablar de la relación entre la literatura y la ciencia, Szilard tuvo la idea, la visión, de todas las posibilidades que habría en la energía nuclear leyendo una novela de H.G. Wells, El mundo liberado, de 1914. Leo Szilard, el clásico judío centroeuropeo inteligente, vio el peligro que podría surgir caso de que la Alemania nazi creara una bomba atómica y se dedicó a convencer a los americanos para que se adelantaran. Convenció a Einstein para que escribiera una carta en este sentido a Roosevelt. Más tarde, Albert Einestein, arrepentido tras Hiroshima diría que ‘en realidad solo fue el cartero’.
Premio Nobel habría que dar al dibujante que con tanta maestría ha sintetizado el sitio y la cosa; simultáneamente como se describían las gestas en las columnas conmemorativas romanas.
ResponderEliminarLos clásicos judios centroeuropeos , con su dolor y miedo a cuestas, afinaban mucho. Judio centroeuropeo era Frank Meier,el barman del Hotel Ritz que pasó de luchar en Verdun a servirle sus famosos coctails a Goering.
Szilard, Einstein, Well, Oppenheimer,... este blog se llama muy bien llamado
Dear Woman
ResponderEliminarTomo nota del barman del Ritz, servir copas al enemigo, me recuerda cuando en la vaquilla un inflitrado afeita a un coronel rival, situaciones en los que uno puede matar al enemigo o bien descubrir cierta humanidad en él
A ver si deja de llover, cojones