A la sombra espectral del Moulin de la Galette, en el calvario pedregoso de la rue Lepic, deslizándose junto a los jardincillos empolvados de los viejos estudios de pintor, que huelen a permanganato y aguarrás; cobijándose en las grietas de la desvencijada plaza de Tertre, en aquel paisaje lunar que es hoy el corazón de Montmartre, va haciéndose viejo mi amigo Martínez.

En primer lugar una advertencia para esos estudios de pintores, cuidado con tener aguarrás y permanganato cerca porque pueden dar lugar a una reacción explosiva. En segundo lugar, y no me gusta anda corrigiendo en mis vacaciones, el permanganato es inodoro, hasta donde yo sé o sabía. Es verdad que es muy usado en pintura, pero no huele, como dijimos que le ocurría también al butano . Luego ni Chaves Nogales ni el maestro Juan Martínez podrían olerlo.
El aguarrás sí que huele, y de manera muy fuerte aunque hay a quien le gusta, de ahí que circule la frase adjudicada a Marcel Duchamp (no sé si cierta) de que muchos pintores siguén pintando únicamente por su adicción al aguarrás
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