En esta región, como en la
Turena, las vicisitudes de la atmósfera rigen la vida comercial. Vinateros,
propietarios, comerciantes en madera, toneleros, posaderos, marineros, todos
están a la espera de un rayo de sol; tiemblan al acostarse ante la idea de
encontrarse a la mañana siguiente con que ha helado durante la noche; temen la
lluvia, el viento y la sequía, y quieren agua, calor y nubes a capricho. Hay un
duelo constante entre el cielo y los intereses terrenales. El barómetro
entristece, anima y alegra alternativamente sus fisonomías.
La Meteorología es un oficio bien digno, incluso un arte, tal y como refería Juncal al Búfalo sobre los limpiabotas. Como ciencia es una rama de la Física, que recibió su primer gran impulso con la aparición del barómetro de Torricelli. Además de los habitantes de esa región, otros gremios muy preocupados con el tiempo son el de los cofrades y los que organizamos partidos de fútbol que se juegan al aire libre






























