Yo creo que por aquel tiempo- había de añadir el doctor, y si no lo añadió lo pudo hacer- también se inventó el verano. No sé mucho de historia, pero no puedo menos que pensar que un gran número de cosas que hoy consideramos naturales y que, a primera vista, han existido siempre, son en realidad consecuencia de la máquina de vapor: el verano, la noche de bodas y –en gran medida- el horror
Se han estudiado de manera muy
profunda algunos de los efectos de la aparición, de la invención o del
perfeccionamiento de la máquina de vapor, a cargo del escocés Watt en la
segunda mitad del siglo XVIII. El estudio de las consecuencias de la máquina de
vapor ha dado lugar a algunos de los temas que menos han gustado a estudiantes
de todas las épocas y disciplinas. Los estudiantes de Historia tienden a mirar
hacia otro lado cuando se pretende una ligera aproximación técnica a la máquina
de vapor y raros estudiantes de ingeniería se han preocupado en conocer a fondo
los efectos de dicha máquina, ya sean estos económicos, sociales, demográficas
o ambientales.
Pero
aquí Juan Benet apunta tres consecuencias que parece colocar en un mismo
plano: verano, noche de bodas y horror. Pudiera interpretarse también una
concatenación entre estos tres términos, como si el verano llevase a la noche
de bodas y esta al horror. En cualquier caso, cabe considerar achacable a la
máquina de vapor los tres conceptos y labor del hombre sabio es intentar eludir
aquel o aquellos que considere perniciosos para su bienestar.
Pienso yo que cuando Benet dice verano se refiere a las vacaciones de verano (¿o es un pionero activista contra el cambio climático?) y que cuando dice noche de bodas quiere decir luna de miel, pues hasta donde yo sé las noches de bodas existen desde antes de la Revolución Industrial. Y sobre el horror no sé muy bien qué pensar.


































